Expedición a Turkana Tribu Turkana

Fiesta Turkana esperando comida

Abro los ojos, las luces del alba me dan la bienvenida como en todos estos días que han quedado atrás. Creo que mi reloj biológico está arreglado, me duermo y me despierto según la luz solar. Según indican algunos estudios, se necesita una semana de campamento en la naturaleza para resetear nuestro reloj interno, y puedo dar fe de ello. También me he acostumbrado a despertarme con el sonido de los pájaros y de los camellos que pastan libremente, como cortina de fondo. Escucho voces lejanas, los vecinos de las aldeas cercanas también están despiertos aparentemente. Voy a echar de menos esta rutina, observar el sol ascendiendo, desayunar, visitar los pueblos cercanos, perderme por la sabana… Comienza el último día de esta expedición Turkana.

Amanecer en Turkana

La ruta de hoy nos lleva hasta Lorugum, atravesando las faldas de Loima Hills Forest. Una ruta que discurre por decenas de lo que alguna vez fueron ríos, por olvidadas pistas en las que encontramos algún pozo que abastece los rebaños de cabras y camellos y por tierras desconocidas por las que marcamos el camino.

Abuela hambrienta en Turkana

De vez en cuando nos encontramos con niños al frente de sus rebaños, esas pequeñas criaturas que protegen su preciado bien como si de sus vidas se tratara.

Seguimos las pistas ocre de tierra arenosa y llegamos a una aldea en la que vemos una reunión masiva. En cuestión de segundos nos vemos rodeados de un grupo de mujeres de vestimenta multicolor que nos da la mejor bienvenida a base de cantos corales cuyos versos no podemos entender, pero que se convierten en bálsamo para nuestros oídos. Tras exhibir los típicos bailes Turkana bajo un sol abrasador, se sientan a descansar a la sombra mientras esperan saber de dónde somos, qué hacemos en esos rincones de Turkana o hacia dónde vamos. Preguntas a las que Moses se encarga de contestar.

Mientras descansan bajo la gran acacia, me quedo observándoles. Hay una mezcla única en cada uno de ellos, en sus movimientos y en sus rostros, que me hacen imposible calcular su edad. Los niños se me hacen adultos, posiblemente por la dureza de la vida en Turkana, pero siempre puedes descubrir su inocencia mirándoles a los ojos; esas miradas infantiles que se esconden detrás de una máscara adulta curtida por las responsabilidades en sus hogares.

Una mirada Turkana

Decidimos continuar para llegar a Lorugum y encontrar un restaurante para poder comer, ya que nuestro último paquete de arroz se lo entregamos a una de las familias necesitadas que encontramos en la ruta. Lorugum parece un pueblo grande, pero no hemos tenido suerte para encontrar ningún sitio funcional, así que acabamos comiendo chapati en una panadería a la Turkana.

Turkana en un bar

Regresamos a Lodwar por la pista principal por la que avanzamos a gran velocidad dejando atrás todos esos días llenos de sentimiento y experiencias que se quedarán con nosotros para siempre.

Camellos alimentados en Turkana

Ahora nos queda poner a punto nuestro regreso a Nairobi y posteriormente a España. Tendremos dos días y tiempo suficiente para reflexionar, para pensar en esta gente que vive el día a día, que arriesga continuamente, que es valiente y que vive unida para lo bueno y para lo malo. Posiblemente sea mi característica preferida de esta sociedad, la unión de la comunidad y la disposición a ayudarse mutuamente. Una sociedad fantástica a la que volvería indudablemente.

¡Hasta la próxima Turkana!

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